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¿EJERCICIO FÍSICO PARA EL DOLOR CRÓNICO?

01/23/2020

 

 

El dolor de espalda es uno de los problemas más habituales en la sociedad, siendo la segunda causa más frecuente de visitas médicas. El género, la genética, los factores ambientales, factores psicológicos (estrés, ansiedad, depresión…), mal descanso, posiciones inadecuadas… la etiología es difícil de determinar, pero todo influye en nuestra anatomía, pudiendo condicionar hasta nuestra vida habitual. Es más, los factores psicológicos pueden llegar a ser tanto la causa del dolor crónico como la consecuencia, y el ejercicio físico también ayuda en el estado anímico.

 

Entre el 60 y el 80% de las mujeres entre los 30 y los 60 años padecen dolor de espalda. En los hombres, las cifras van del 65 al 70%. La mayoría sufre del dolor lumbar (%75) y la segunda más afectada es la zona cervical. Más de la mitad de los afectados, relacionan el dolor con su trabajo. De todas formas, entre los afectados que sufren dolor de espalda durante más de seis meses, el 50% vuelve a su lugar de trabajo. A todo dolor que supere dichos tres meses, le llamamos dolor crónico.

 

En los casos crónicos se suman factores musculares, como la pérdida de fuerza y atrofia muscular. La debilidad muscular y la baja actividad física están relacionados con mayor dolor de espalda. A esto se le añaden factores, psicosociales como son las conductas de miedo y evitación que generan pensamientos catastrofistas y actitudes pasivas, nombradas como banderas amarillas. Nos encontraríamos ante un círculo vicioso que dificultaría la recuperación y es más, seguiría cronificando el dolor. Por ello, lo más adecuado sería abordar todos estos problemas y hacer ejercicio, sobre todo el ejercicio basado en la fuerza. Añadiendo terapia analgésica si fuera necesario.

 

El entrenamiento con bajas cargas podría estar aconsejado en las sesiones iniciales del mismo, con el objetivo de reducir el miedo y la inhibición voluntaria que se produce. A medida de que las capacidades del paciente aumentan, subiremos la carga progresivamente. Durante estos programas de fortalecimiento se observan mejoras en la fuerza de entre el 30% y el 80%.

 

Los mecanismos que pudieran intervenir en la reducción del dolor asociado a la lumbalgia podrían deberse a un proceso de adaptación neurológica o fisiológica de desensibilización del dolor en el tejido afectado mediante la aplicación de sucesivas fuerzas sobre ese tejido. Una mayor reducción del dolor son los que se realizaron durante un mayor número de semanas, además de la duración del programa de entrenamiento y la intensidad del mismo también parecen influir, de tal forma que a mayor intensidad mayores mejorías en la lumbalgia.

 

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